¿Cómo liberarnos de nuestro diagnóstico y las etiquetas?

Cuando me preguntan sobre las principales limitaciones que tenemos las personas con discapacidad en la sociedad siempre lo primero que surge son la falta de rampas u obstáculos en la calle, las fallas en el transporte público y la carencia de políticas inclusivas en diferentes ámbitos. Pero siento esas cuestiones son meramente resultados y no corresponden a la base conceptual sobre la que se asienta la exclusión que todavía enfrentamos todas las personas con discapacidad. Hay que ir más allá.
A las etiquetas, a la estigmatización. A ser todavía diagnósticos.

Siempre agradecí haber sido diagnosticada y lo digo todo el tiempo. Eso fue lo que permitió abrir puertas y caminos. Fue lo que habilitó pensar en mis posibilidades, autonomía e independencia. Pero siempre se intentó que ese diagnóstico quedara en el lugar que le pertenecía: ni más ni menos que el médico. Es que un diagnóstico nunca debería salirse de su lugar. Porque en el día a día, en lo cotidiano, es la discapacidad, como concepto relacional, lo que abre la posibilidad de establecer acciones, mecanismos y pautas para una verdadera inclusión e igualdad de oportunidades.

Y aunque establecer un diagnóstico es fundamental, una persona no puede ser atada a su diagnóstico y tiene derecho a ser pensada y concebida mucho más allá de él recibiendo apoyos, mecanismos y políticas para que pueda desarrollarse en igualdad y sintonía con otras personas en la sociedad.

No es sino atravesando las etiquetas y cadenas de la condición y el diagnóstico, y superándolas, que podemos construir un mundo más inclusivo y respetuoso de la diversidad donde todas las personas puedan brillar distinto.

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